EL SANATORIO BRITÁNICO,
UN HITO EN LA MEDICINA DE ROSARIO:
HISTORIA DE SUS PRIMEROS AÑOS

Es difícil imaginar en nuestros días que el área donde hoy se levanta nuestra Institución era uno de los límites de una urbe o ciudad-puerto en constante crecimiento y que en los inicios del siglo XX contaba con poco más de 150.000 habitantes.
Y para poner en el necesario contexto la realidad de los años y circunstancias en que acontece la fundación de la misma, es útil hacerlo alrededor de dos elementos paradigmáticos y representativos de esa época como son el Ferrocarril y la Colonia de Inmigrantes Ingleses.
El primero, a través del cuál se transportaba el resultado de la creciente actividad agrícolo-ganadera y generaba el nacimiento a su vera de centenares de pueblos, tenía en la Estación Rosario Central uno de sus centros neurálgicos. Frente a ella y a su emblemática torre, con su reloj inaugurado en 1874 dando la hora oficial a todos los rosarinos, se hallaba la residencia del Gerente Administrador del Ferrocarril Central Argentino (F.C.A.),   Mr. Wood.
A su vez, la Colonia Inglesa poseía en las inmediaciones varias de sus instituciones más representativas como ser la Misión del Marinero ( en la zona de muelles donde desemboca el bello túnel del actual Parque de España ), el campo de deportes para la práctica del críquet y el football en la manzana de los Salesianos y la Iglesia Anglicana San Bartolomé fundada en 1868 con su escuela-rectoría y templo situados en la misma manzana, con su ingreso más importante en la esquina de Urquiza y Paraguay.
En el terreno del Administrador del F.C.A. antes citado y hacia 1916 se construyó el Hospital Británico, en plena Primera Guerra Mundial y como consecuencia de la lógica disolución del antiguo Hospital Enfermería Anglo-Alemana, sito en los terrenos donde ahora funciona el Hospital Agudo Ávila para pacientes psiquiátricos en la esquina de Suipacha y Santa Fe.
Habiendo entrado en disolución la Sociedad constitutiva de dicho Hospital, el predio fue adquirido hacia fines del año 1924 por los Dres. Artemio y Lelio Zeno y el Dr. Oscar Cames, insignes fundadores de nuestra Casa, quienes a la brevedad iniciaron una serie de modificaciones en la edificación ya existente para más tarde construir, aledaño al mismo, otro edificio en base a lo observado en grandes centros médicos de Estados Unidos y Europa y referido a lo mas avanzado de la Arquitectura Sanitaria para dicha época.
Sin duda los tres profesionales antes citados constituyeron la matriz sobre la cuál se conformó nuestro Sanatorio, pero son muchos los distinguidos colegas que engrandecieron los primeros años de vida institucional.
Con el riesgo del injustificado olvido de alguno de ellos, vale citar en el primer cuarto de siglo de nuestra existencia (hasta 1950)  a los Dres. Oscar Marottoli, Raúl Mayer, Claudio D. Saloj, Adolfo Fort, Ricardo Ercole, Raul Nosti, José M. Cid, Saúl de  Azcuénaga, Santiago Codino, Alejandro Bugnone, Julio Acebal, Guillermo Schneider, Emilio Pizarro Crespo, Alfredo Cesanelli, Fernando Tricerri, Pedro Ivancich, Eduardo Kozameh, Juan Albertengo, Norberto Baravalle, Juan V. Gurruchaga, Carlos Silvestre Begnis, Víctor Argonz, Ricardo Mon, Adolfo Lavarello, Arnaldo Dolzani, Pedro Figueroa Casas, Arnoldo Didier, Francisco Celoria, Alberto Albertengo y Francisco Delisio, entre otros.
Siendo innumerables los aportes y méritos de los citados a nuestro Sanatorio, la ciudad y aún el país todo, habida cuenta de la Época de Oro de la Medicina Rosarina en las décadas del 30, 40  y 50 del siglo pasado, sólo se mencionarán algunos logros de las primeras décadas de su existencia, a saber:

1) Artemio y Lelio Zeno fueron discípulos de Bartolomé Vasallo (1874 - 1943), quién había nacido en Gualeguay (Entre Ríos) y graduado en Buenos Aires.
Ambos continuaron y perfeccionaron una Escuela Quirúrgica notable en una generación donde ya figuraban Benjamín Abalos, Alejandro Carones, Bernardo Dell´Oro y Tomás Varzi.
En la Cátedra, distintas Jefaturas, participaciones en Sociedades, numerosas visitas a Centros internacionales de avanzada y un sinnúmero de publicaciones, sentaron las bases de una renovada Clínica Quirúrgica, revolucionando sus técnicas y abriendo las bases para el desarrollo de nuevas Especialidades como la Ortopedia y Traumatología, la Cirugía Plástica y Reconstructiva, la Cirugía Oncológica etc.
Dan origen a una tradición quirúrgica de excelencia en nuestra Institución, la que es continuada años más tarde por excelentes Cirujanos cuya enumeración  y méritos superan los límites de este trabajo.
Es de citar que Artemio Zeno introduce la idea del Trabajo en Equipo, concepto inusual para la época, y en su libro “La Cirugía. Ayer y Hoy” en 1935 escribe: “ha llegado la hora de pensar en la necesidad de formar equipos completos”

2) Desde la Cátedra de Clínica Quirúrgica se impulsó el desarrollo de una joven Especialidad, la Ortopedia y Traumatología, que tienen en los Dres. Lelio Zeno y  Oscar Marottoli unos de sus pioneros fundamentales.
Crearon en el Sanatorio los Talleres Ortopédicos donde se desarrollaron y construyeron aparatos ortésicos, debiendo hacer mención de la intensa labor de Oscar Maróttolli durante la epidemia de Poliomielitis que azotó nuestro país en la década del ‘50.
Éste fue asiduo concurrente de jerarquizados Centros Traumatológicos del nuevo y antiguo continente, teniendo a Victorio Putti (Bologna) y Mario Donatti (Milán) como sus referentes, quienes a su vez tuvieron la ocasión de conocer nuestro Sanatorio en ésta, tan distante, ciudad sudamericana.

3) Artemio Zeno tiene a uno de sus discípulos más distinguidos en la figura de Leandro D Saloj, quien crea en el Hospital del Centenario un Centro de Cancerología en 1930 y poco más tarde el Departamento de Cancerología en el Sanatorio Británico, contando con la inestimable colaboración del Dr. Raúl Mayer, Radiólogo y Radioterapeuta formado en Alemania y del Dr. José María Cid, eximio Histopatólogo y creador del Archivo Histopatológico de nuestra Institución

4) En 1935 se funda la Fundación Médica Zeno-Cames, siendo la primera en Sudamérica y la tercera en América toda, ya que sólo se contaba con las Fundaciones Rockefeller y Guggenheim, ambas Norteamericanas.
Sus becarios actuaban un año en el Sanatorio y en Hospitales de nuestra ciudad correspondiendo las becas iniciales a los Dres. Juan Riquelme Vargas en 1935 (Santiago de Chile), Manuel Giagni en 1936 (Asunción del Paraguay) y Jorge de Romaña en 1937 (Lima–Perú)
Es sorprendente como Artemio Zeno escribe en dicho año: “Uno de los hechos que más llaman la atención del estudioso que contempla el panorama científico de los países iberoamericanos es el desconocimiento mutuo, casi total, de las actividades de sus centros culturales”. Sugiereentonces como posibles intentos de solución el intercambio de material científico, la centralización en una capital de Latinoamérica de un registro bibliográfico, la creación de una bolsa de estudio para que jóvenes colegas pudieran viajar a otros Centros y otras notables propuestas.

5) En Junio de 1935 se publicó el primer número de la Revista “Anales de Cirugía” bajo la dirección de los Dres. Lelio Zeno y Oscar Cames. Era su Secretario el Dr. Oscar Marottoli e integraban el Comité de Redacción los Dres. Artemio Zeno, José M Cid, Ricardo Ercole, Claudio D. Saloj y Raul Mayer.
Dicha publicación se constituyó en el “órgano de difusión del Instituto de Cirugía del Sanatorio Británico” y de toda la actividad médica de la Institución además de ser de las primeras en su género en la Argentina, siendo en su época una publicación científica única ya que era totalmente solventada económicamente con dinero de una Institución Médica Privada.
Para graficar la importancia y repercusión alcanzada en 1938, y a sólo tres años del inicio de su publicación, ya la Biblioteca recibió en canje más de ochenta revistas científicas internacionales, tanto de América como de Europa.
Su publicación continuó hasta la década del /80 contando como posteriores directores al Dr. Juan V. Gurruchaga y más tarde al Dr. Alberto Albertengo.

6)  En 1945 y por la Editorial local “El Ateneo” aparece el libro “Clínica Psicosomática” de los Dres. Lelio Zeno y Emilo Pizarro Crespo.
Éste constituye el primer libro sobre esta materia aparecido en Sudamérica y escrito desde Especialidades que, en apariencia, distan mucho de la temática abordada.
Su editoralista, el uruguayo Prof. Emilio Mira y Moras, en el prólogo señala con acierto “por primera vez permitirá a muchos Clínicos salvarse de la “tuerta” exploración que ahora practican y que, naturalmente, les conduce a un diagnóstico unilateral e insuficiente, apenas válido para combatir la “fachada sintomática” que exhibe el enfermo, pero totalmente inoperante para suprimir sus causas reales de sufrimiento”
Y agrega, para nuestra sorpresa por lo actual y moderno del planteo, “el próximo paso de la Ciencia Médica será hacia una Medicina Integral que además de su enfoque psicosomático y somatopsíquico (propiamente Antropológico y Antropodinámico), tomará en cuenta la influencia Genética (Patología Constitucional) y el factor Ecológico”...! 

7) Un aspecto muy interesante a destacar es fruto de una mentalidad en ciertos aspectos de característica, por denominarla de alguna manera, “progresista o no tradicional”,  de alguno de sus pioneros.
Esto es, la organización económica en que estaba estructurado el Instituto Politécnico de Cirugía (IPC), que conformaba la matriz central de la Institución sobre la cuál se agrupaban otros Servicios Asociados (contando éstos con diferente estructura salarial).
El IPC estaba constituido por  Cirugía General, Ortopedia y Traumatología, Neurología y Neurocirugía, Clínica Médica, Anestesiología, Urología, Gastroenterología y Cirugía Plástica y Reparadora.
Todos los profesionales que lo integraban cedían sus honorarios a un Fondo Común que era repartido a posteriori según un puntaje asignado (con un tope o máximo fijado) dentro de una carrera médico-institucional, el cual se modificaba anualmente según la antigüedad, no dejando de lado el mérito docente (era obligatorio su ejercicio en la Universidad), académico (según la actividad ejercida en las diferentes Sociedades Científicas) y de producción económica individual, amén de la evaluación de los atributos éticos y de compromiso con la Casa.
Los nuevos ingresantes (denominados “Socios Industriales”) lo hacían por un plazo determinado durante el cual se le descontaba el 20% de sus honorarios; ese porcentaje acumulado se registraba como aporte personal para la compra de acciones según un contrato suscripto al ingresar y que implicaba el compromiso de solicitar su ascenso a la categoría de “Socio Completo” al término del período pactado, donde se debía completar en efectivo la diferencia con lo ya aportado en concepto de retenciones mensuales.
Otros aspectos a destacar de este novedoso convenio eran la continuidad del pago de los haberes durante un eventual período de enfermedad así como durante el necesario tiempo de vacaciones y  la posibilidad de recibir una jubilación, solventada por el sistema, a partir de los 55 años de edad.

8) Todo lo referido anteriormente es incompleto si no aludimos al resto de los integrantes de nuestra Institución, quienes tanto en sus primeros años como en el transcurso de toda nuestra historia, trabajaron con tesón y ahínco para engrandecer nuestro Sanatorio.
Ha sido seguramente el espíritu innovador y profundamente creativo de sus pioneros los que siempre, y en todas las épocas, dotaron de un concepto de pertenencia y de orgullo a la totalidad de los trabajadores de nuestra Institución.
Nuestro homenaje entonces para los Profesionales no Médicos, Enfermeras/os, Personal Administrativo, Mucamas, Agentes de Mantenimiento y tantos otros que comparten cotidianamente la actividad en éste, nuestro querido “Segundo Hogar”.